Un día me encontraba en el museo de Egipto de mi ciudad observando un sarcófago de Anubis, cuando lo abrí para ver que había dentro pero una araña me dio un susto y me eché para atrás. Todas las esculturas cayeron en dominó rompiéndose. El guardia de seguridad me vio y eché a correr porque el tio ese corría más que un demonio. Al cabo de tres horas el museo cerró conmigo dentro.